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Restauración de la obra "Mère Ubu" del Museo de Escultura al Aire Libre de la Castellana

La actuación en la escultura Mère Ubu, de Joan Miró, se realizó in situ del 9 al 11 de mayo y consistió en la limpieza del bronce, la inhibición de óxidos de cobre, y la protección del bronce.

Joan Miró, en los años finales de su producción, recibe encargos de gran relevancia para ubicar esculturas en espacios públicos de Barcelona, Madrid, Chicago, Milán o París.

En las numerosas esculturas que realizó para espacios públicos, algunas de proporciones gigantescas y en las que emplea a veces el color, crea toda una galería de seres (personajes, mujeres, cabezas, pájaros) inconfundiblemente mironianos, de expresión vigorosa y rotunda, en los que prevalecen las formas curvilíneas.

A este período de la obra de Miró pertenece la escultura Mère Ubu, figura ambigua de mujer-pájaro de proporciones monumentales, especie de animal fantástico, que más bien parece un ídolo o tótem, protegido por una concha a manera de escudo. Esta escultura es muy representativa del lenguaje expresionista de gran pureza que desarrolló Miró en su última época, y de la capacidad del artista para convertir las formas aparentemente más simples en sólidos monumentos.

Mère Ubu es una representación compleja, en la que se funden temas repetidos por el autor en numerosas ocasiones: los personajes, las mujeres y los pájaros. La composición guarda una gran semejanza con algunos de los dibujos preparatorios para esculturas, realizados por el artista a partir de los años cuarenta, y con obras como Pájaro solar (1944-1946), Mujer (1949) o Mujer y pájaro (1968).

La escultura de Miró se incorporó al Museo de Escultura al Aire Libre de la Castellana en 1978.

Al estar al aire libre, fuera de la protección del puente, los condicionantes atmosféricos que sufre son de mayor envergadura. A la acidez del agua de la lluvia, se suman el estrés térmico con grandes oscilaciones de temperatura, y factores biológicos como las deyecciones de las aves y los depósitos de polvo.  En cuanto a los factores humanos, se detectan alteraciones como abrasiones y arañazos, manchas por adhesión de elementos en su superficie, abrasión con pérdida total de pátina por la manipulación del público y las sucesivas limpiezas durante años.

Los trabajos de restauración han consistido en la limpieza del bronce, química o mecánica, la inhibición de óxidos de cobre, y finalmente, en la protección del bronce.

 

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